Charles Baudelaire


Embriagado de belleza, de ginebra y literatura, borracho al fin de estímulo, poesía, yo os escribo desde mi juventud perdida, desde los recuerdos más vehementes, desde la propia épica, al fin ebrio. Baudelaire murió relativamente joven, no llegando a la cincuentena. Heredero de una pequeña fortuna que pronto dilapidó (bien hecho, jóvenes ahorradores), vivió en París y sólo dejó la ciudad cuando al parecer se sentía víctima de una grave enfermedad que degeneró en apoplejía.
Baudelaire vivió medio olvidado, su libro no era Los Miserables (grandioso éxito de ventas nunca superado). Las Flores del Mal apenas tuvo éxito, aunque un juicio muy similar -y ridículo- al que sufriera Flaubert tiempo atrás por su Madame Bovary, ayudó a incrementar su popularidad. Cuando acaeció su muerte, sus flores fueron olvidadas por mucho tiempo, y sólo con el reconocimiento de Sartre en su famoso ensayo se volvió a hablar del poeta.




EPÍGRAFE PARA UN LIBRO CONDENADO

Lector apacible y bucólico,
Ingenuo y sobrio hombre de bien,
Tira este libro saturniano,
Melancólico y orgiástico.

Si no cursaste tu retórica
Con Satán, el decano astuto,
¡Tíralo! nada entenderás
O me juzgarás histérico.

Mas si de hechizos a salvo,
Tu mirar tienta el abismo,
Léeme y sabrás amarme;

Alma curiosa que padeces
Y en pos vas de tu paraíso,
¡Compadéceme!... ¡O te maldigo!


«Porque todo libro que no se dirige a la mayoría, por número e inteligencia, es un libro estúpido» (Charles Baudelaire)

El espíritu poético de Baudelaire era un espíritu presa de un alma insumisa, irreverente ante los constituidos de la época. Qué podía pensar un ciudadano francés al leer algo como esto:
“Oh tú, el Ángel más bello y asimismo el más sabio Dios privado de suerte y ayuno de alabanzas, ¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!”. Obviamente, el poema en Baudelaire es un eco de su hastío esencial ante todo lo que respira. Si tuviéramos que apurar algún adjetivo no dudaríamos en calificar la poética de este atribulado genio de las letras francesas como una poesía de la vacuidad y el horror.


EL JUICIO A LAS FLORES DEL MAL

El libro comenzó a distribuirse para su venta el 28 de junio. El 5 de julio, Gustave Bourdin publica en Le Figaro un primer ataque, toma cuatro poemas, La renegación de San Pedro”, Lesbos y las dos Femnes damnés. Los llama “cuatro monstruosidades”. El juicio ya estaba delineado en dos causas: ofensa a la moral católica y ofensa a la moral pública. La renegación de San Pedro, leído como agravio blasfemo, como debilidad la evocación del sacrificio de Cristo, y como escándalo sexual el amor de las mujeres condenadas y las representaciones abusivas y violentas del cuerpo.
El juicio se celebró en agosto, la fiscalía de Picard condenó el libro. Baudelaire debía pagar 300 francos de multa, 200 el editor, y debían retirarse los poemas: Las joyas, El leteo, A la que es demasiado alegre, Lesbos, Mujeres condenadas y Las metamorfosis del vampiro. Se quiso secuestrar la edición, de 1.000 ejemplares. Sólo encontraron 270, el resto circuló.
a sanción se levantó recién en la posguerra, en 1949, y bajo el auspicio de la misma Cámara que los había juzgado.


EL ESPECTRO

Como los ángeles, con ojo furtivo,
Yo volveré a tu alcoba
Y hasta ti me deslizaré sin ruido
Entre las sombras de la noche;

Y te daré, mi morena,
Besos fríos como la luna
Y caricias de serpiente
Alrededor de una fosa rampante.

Cuando llegue la mañana lívida,
Tú encontrarás mi lugar vacío,
En el que hasta en la noche hará frío.

Como otros para la ternura,
Sobre tu vida y sobre tu juventud,
Yo, yo quiero reinar por el terror.



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